La pandemia ha impulsado el desarrollo de nuevas tecnologías y la consolidación de algunas ya incipientes en el mercado, como la industria de supervisión de exámenes. Al menos una media docena de empresas estadounidenses afirman la calidad de sus sistemas para prevenir y detectar que un estudiante haga trampa durante exámenes online. Empresas como Examity, Proctorio, ProctorU, HonorLock y Respondus han tenido un auge en estos tiempos de pandemia donde la educación virtual y a distancia ha tenido un repunte.

 

Si bien no hay cifras precisas o estudios de la cantidad de pruebas supervisadas, se puede contar en millones mes a mes, donde las mismas son validadas a través de algoritmos y donde estas empresas dedicadas a este rubro han tenido un gran crecimiento los últimos meses.

 

Shea Swauger, bibliotecaria e investigadora estadounidense, hace una alerta de los riesgos que puede llevar a cabo la puesta en práctica de estas aplicaciones, en el perjuicio de los estudiantes. Swauger no sólo indica que los mismos estimulan la discriminación, sino que suponen un considerable riesgo a la privacidad, ya que estos productos graban a los estudiantes, piden escaneos de su entorno e incluso los docentes pueden ingresar a ver y/o descargar dichas grabaciones en sus dispositivos y registrar sus direcciones IP.

 

La bibliotecaria hace una crítica a estos sistemas de monitorización o de anti-fraude en los programas académicos, basada en su profesión y la importancia que tienen los datos y la privacidad de las personas. Incluso analiza cómo no es un modelo probado en resultados y efectividad para diferentes usuarios con características específicas, por ejemplo, cita como estudiantes afro se ven afectados de forma racista. Ya que estos sistemas se desarrollan para personas con tez blanca y en momentos de reconocimiento facial le exigen “mayor iluminación de su rostro”, tampoco es amigable con personas trans o de género no binario, personas con condiciones de salud particular, estudiantes a cargo de niños, entre otros casos. Mostrando que no sólo pueden llegar a representar un peligro a la privacidad, sino que también muestra esos patrones clasistas, de racismo o sexismo, perjudicando a los alumnos.

 

Swauger indica que es mejor elegir la compasión sobre la vigilancia, que es mejor confiar en los estudiantes, ya que la tecnología no inventó las condiciones para hacer trampa y es algo que la misma no detendrá. Hacer trampa no es una amenaza para la sociedad, algo que las empresas de supervisión de exámenes quieren que pensemos. Conociendo esta cara oscura de estos programas vale la pena poner en duda si realmente estos programas, pudiesen cumplir a cabalidad lo que prometen y si el costo/beneficio vale en realidad la pena.

 

Para ver la información completa sobre el artículo, podrá consultar en el siguiente enlace:

 

Swauger, S. (2020) “El lado oscuro del software que vigila a los alumnos para que no copien” MIT Technology Review. Recuperado el 31/08/2020 de: https://www.technologyreview.es/s/12498/el-lado-oscuro-del-software-que-vigila-los-alumnos-para-que-no-copien

 

 

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